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Ser sibarita o la búsqueda de experiencias de alta calidad (1º parte)


Todos habremos escuchado alguna vez la frase “es que yo soy muy sibarita” para indicar una cierta sofisticación y refinamiento en los gustos culinarios. Aunque la expresión es coloquial y la puede utilizar cualquier persona para referirse a sí misma, el sibaritismo es un concepto que se suele utilizar para describir el consumo de productos gastronómicos de lujo. Una persona sibarita, se supone que degustará alimentos y bebidas que, por su alta calidad, son caros, exclusivos y de difícil adquisición para el promedio. Actualmente, incluso, este aspecto se ha extendido a la experiencia en sí misma, incluyendo el ambiente, el servicio y la presentación de los platos. Muchos restaurantes de lujo ofrecen una experiencia sibarítica que se publicita como sofisticada y única.


Sin embargo, en mi opinión, ser sibarita no tiene por qué estar asociado al alto poder adquisitivo. Recuerdo que, hace algunos años, un amigo me decía en broma que yo era “un sibarita sin dinero”, porque apreciaba las comidas y bebidas de alta calidad, los maridajes, el placer de una buena degustación... sin tener el poder adquisitivo que se necesita para ostentar un “título” como ese.

¿Y por qué no? Ser sibarita, si lo consideramos un estilo de vida, tiene que ver más bien con una manera de apreciar las experiencias que nos brinda la vida desde una perspectiva más hedonista. Joie de vibre, disfrute de la vida. Es verdad que ello puede implicar ver las cosas desde una óptica más sofisticada, pero no puede ser de otra manera si se buscan experiencias de alta calidad.


Leonardo Golia Vincent

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